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Iniciación |
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The La Oportunidad de la Iniciación Como sabemos, el término iniciación es interpretado de diversas maneras por distintas personas. Algunos la consideran como un compromiso con una orden secreta y otros la entienden como una promoción a un grado superior. Éstas y muchas otras explicaciones similares forman un catálogo de malentendidos respecto al verdadero significado de la palabra iniciación. Cuando uno o una comienza a sentir que hay algo detrás del velo, y desea hacer todos los esfuerzos posibles para develar ese misterio, entonces da el primer paso. La iniciación puede ser comprendida de muchas maneras, según la disposición con la que uno o una enfrenta esa experiencia, pero entre las muchas definiciones posibles del término, una es la que lo asocia al concepto de iniciativa. Las iniciativas pueden ser materiales, culturales, religiosas o espirituales, entre otras muchas posibilidades, y se toman libremente. Sin embargo, el razonamiento muchas veces nos impide tomar una iniciativa que podría haber resultado exitosa. Aunque el poder del razonamiento nos ayuda a llevar a cabo nuestros propósitos, muchas veces también nos impide tomar una iniciativa. Las iniciativas tomadas por las grandes almas creativas fueron poderosas porque no fueron trabadas por las dudas acerca de su resultado o la falta de convicción en cuanto a su valor. Las iniciativas tomadas sin ninguna explicación lógica resultan de influencias recibidas, que pueden lamentablemente ser negativas, pero también muy positivas, como cuando son inspiradas por cierto conocimiento recibido o por la influencia de alguien inspirador. Una iniciativa puede también tomarse por comprensión espiritual, lograda cuando el corazón se abre al llamado silencioso o por sintonizarse con alguien que uno o una respeta: ganado / a por su encanto, desea seguir su ejemplo. También existe la confianza, la fe y la admiración. Pero más allá de toda confusión, el término iniciación significa dar un paso adelante, con esperanza y valentía, con convicción, y también, por supuesto, con honestidad y confiabilidad absolutas por parte de quien asume dicha responsabilidad.
Existen varios niveles de iniciación, por ejemplo: los que se toman con la ayuda de la guía interior, o por la ayuda de alguien en quien uno confía totalmente, o inclusive por admiración. Podrían entenderse estas primeras etapas como la etapa de la amistad con el guía. Aunque uno pueda relacionarse con falsos gurúes, nunca debe olvidar al maestro interior: nuestro propio yo sincero. Por ello tarde o temprano encontraremos la enseñanza verdadera. Al final, lo real vence a lo falso por el simple motivo de que la verdad es más real que la falsedad. Así como hay agua en las profundidades de la tierra, hay verdad en lo profundo de todas las cosas, verdaderas o falsas. En algunos casos hay que cavar más hondo que en otros, pero así como no hay lugar en el que no haya agua bajo la tierra, no hay profundidad de corazón sin verdad. Para quien cree en la guía correcta de arriba, ésta llegará siempre. Los pasos siguientes en el sendero de la iniciación consisten en aprobar los exámenes de la vida, de los cuales a veces somos conscientes y a veces no. Enfrentamos todo tipo de pruebas, en las que debemos desplegar las cualidades de la fe, la sinceridad, la veracidad, la paciencia, la resistencia y la humildad, aunque a veces nos parezca irracional, extraño, sin sentido, poco amable y hasta quizás injusto. Las iniciaciones posteriores despertarán la necesidad de meditar acerca de lo que uno o una ha descubierto en su relación con los demás, asimilando los resultados con comprensión, gratitud y entendimiento. Las que vienen luego resultan del propio ideal: cuanto más grande es, mayor el poder de la iniciación recibida. Tal iniciación es un fenómeno en sí misma porque el iniciado o la iniciada irradia entonces la luminosidad del ideal. Cuando uno o una realmente ve lo Divino en todas las cosas y en todos los seres, no hace falta decirlo; dicha visión se torna evidente.
Allí donde el misticismo ha prevalecido por siglos, la iniciación siempre ha sido considerada como algo sumamente sagrado. El conocimiento divino nunca ha sido enseñado con palabras, y jamás lo será. La tarea del místico no es enseñar con palabras, sino sintonizar a quienes están abiertos con lo que se ofrece, de modo que el buscador se torne instrumento de Dios. En otras palabras, el místico no es el intérprete del instrumento, sino más bien su afinador: una vez afinado, el instrumento es entregado al Divino Intérprete, cuya interpretación evidencia cada vez más claramente la música Divina. En este camino no hay reglas fijas para seguir, pues cada adepto es un instrumento diferente en la sinfonía Divina. Hay sin embargo un principio básico general a aplicar en la vida de todos los involucrados: sinceridad en la humildad. La felicidad, que es el despliegue del ser interior, aparece como una expansión de la conciencia; se puede afirmar, en consecuencia, que el grado de avance en el camino está dado por la expansión del horizonte de la conciencia. Como el árbol cargado de frutos que se inclina más al suelo cuanto más abundantes son, el adepto se vuelve más humilde cuanto mayor sea su realización espiritual. El pretencioso no da frutos. El iniciado o la iniciada sinceros difícilmente mencionarán la palabra iniciación: no sienten la necesidad de convertir a nadie al camino ni de lograr reconocimiento. Interrogados acerca de lo que se obtiene de los logros espirituales, sólo responderán: tornarse más apto para servir a la humanidad. Preguntados acerca de si tomar la iniciación es deseable para todos, en la medida en que el término iniciación se refiera al concepto de tomar una iniciativa, es obvio que la respuesta sería que todo progreso en la vida vale la pena ser intentado. Sea cual fuere nuestro interés en la vida o nuestro nivel de despertar, siempre es aconsejable seguir avanzando, tanto en las ocupaciones de índole material, como en las de índole social, religiosa o espiritual. La humanidad no ha sido creada para vivir como ángeles ni como animales. El primer paso, por lo tanto, consiste en ser sinceramente humanos, aún antes de aventurarnos en el camino espiritual, lo que implica equilibrar los mundos material y espiritual. No es necesario buscar la espiritualidad aislándose de las relaciones y de las obligaciones. Es preferible contemplar y meditar cumpliendo con las obligaciones mundanas, ayudando intencionalmente o no con el propio ejemplo a quienes no son conscientes de la realización que se les ofrece.
El iniciado o la iniciada en el camino espiritual saben bien que no se espera que despierten a los que aún duermen, sino que estén preparados para dar una mano a los semi-dormidos que se están desperezando. No cabe dudas de que existen métodos de enseñanza por la palabra y por la acción, pero también existe la enseñanza silenciosa que se aplica innegablemente a personas de naturaleza abstracta. Una persona puede discutir durante horas , días y meses acerca de un problema que no puede ser resuelto, mientras que otra, mediante la comprensión interior, puede ofrecer una respuesta sin palabras en un instante. Éste es otro ejemplo del concepto de iniciación. A la pregunta acerca de qué puede esperarse de una iniciación, ya sea bondad, salud, magnetismo, intuición o armonización psicológica, la respuesta es que ninguno de ésos pueden considerarse realmente resultados espirituales, no debiéndose buscarlos intencionalmente por el camino espiritual. Si uno desarrollara poder sin saber cómo usarlo, podría tener consecuencias desastrosas, en la medida en que hubiéramos desarrollado la habilidad de atraer lo bueno y lo malo sin saber quitarse de encima lo que pudiera ser dañino para nosotros o para los demás. Los logros a obtener no deben ser considerados en el contexto de la iniciación. La meta es encontrar al Dios interior, y es para esa meta que uno recibe la inspiración y las bendiciones por el poder de la iniciación. Hay un tiempo para todo, también para la iluminación. El auténtico progreso en el camino espiritual tiene que ver con la experiencia de la paciencia y el entusiasmo por progresar, a pesar de las diversas pruebas de la vida, como la incomprensión de los amigos más cercanos y los infortunios de los cuales tratamos de no culpar a Dios. En el camino se requieren condiciones específicas, como una actitud de receptividad y la habilidad de asimilar tanto las enseñanzas aparentes como las silenciosas, grabando todas las experiencias en la mente, sin permitir que sean distorsionadas por las limitaciones de la razón. Aunque estas condiciones aparezcan inspiradas por el Espíritu de Guía, son sin embargo una expresión auténtica de democracia por ser revelaciones externas de la verdad más secreta. En pocas palabras, constituyen una aristocracia del sentimiento en una democracia de expresión.
En este mundo en el que la mayoría de las relaciones tienen limitaciones, el lazo espiritual entre un Maestro o Maestra espiritual y el iniciado o iniciada ofrece un ejemplo único de amistad perfecta, porque se inspira en un Ideal en busca de realización. La devoción pura del iniciado es preciosa como una joya, comparable a la relación de un niño con sus padres. El Maestro, por su parte, no sólo ofrece sabiduría, sino que es fuente de contacto entre el buscador de la Verdad y la Luz del objetivo adelante. El Maestro trae a la luz los aspectos positivos de la naturaleza del iniciado, evitando cuidadosamente las observaciones negativas acerca de cualquier debilidad y señalando caminos y medios para la nutrición de la frágil planta. Al hacerlo, la guía de la Maestra despierta una devoción creciente en el corazón del iniciado, como si regara una planta en flor con agua vitalizada. Si el tono de la iniciada tiende a descender, el Maestro siente que es su deber descender al nivel del iniciado, ofreciendo así un auténtico ejemplo de democracia espiritual. En cambio, cuando la Maestra siente que puede elevar el tono del iniciado a un nivel más alto de conciencia, demuestra la más auténtica aristocracia espiritual. Para preservar una relación elevadora entre el Maestro y la discípula, se requiere un intercambio constante de experiencias democráticas y aristocráticas de sintonización espiritual, en las que el estudio, la amistad, la humildad y el misticismo se armonizan en perfecto equilibrio, inspirados por las bendiciones de la Guía Divina. |
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Acerca de la Iniciación y del Discipulado: El Camino de la Iniciación De los Gathekas, por Hazrat Inayat Khan ¿Qué se Entiende por el Término Sufí? El sufismo no puede ser llamado deísmo, pues el sufí no considera a Dios como una entidad separada de sí mismo / a. Tampoco puede ser calificado de panteísmo, pues el sufí no sólo ve la inmanencia de Dios en la Naturaleza, sino que también realiza Su Esencia en lo infinito, llamándoLo Allah, el Sin Forma y Sin Color. No cree en un Dios irrealizado ni descree de la Deidad idealizada, distinguiéndose así tanto de los que son devotos como de los que no lo son. El sufí no es ateo, pues no niega a Dios ni a Sus Mensajeros. A la pregunta ¿Es usted cristiano?, ¿Es usted musulmán? o ¿Es usted judío?, respondería más bien sí que no, pues no se opone a ninguna religión, simpatizando con todas. De hecho el sufismo no puede ser llamado una religión, pues no impone creencia ni principio alguno: considera que cada alma individual tiene sus propios principios, los que mejor se le adecuan, y una creencia que cambia con cada nivel de evolución. El sufismo no es una filosofía intelectual, pues no depende meramente del frío razonamiento, desarrollando la tendencia devocional del ser humano. No puede ser llamado ocultismo, pues no le interesa la investigación de los fenómenos: frente a la brevedad de la vida, la considera una empresa inútil; su única meta es Dios.
El Origen del Sufismo El sufismo como hermandad puede ser rastreado hasta la época de Daniel. Entre los zoroástricos tenemos a Hatim, el sufí más conocido de su época. Los elegidos de Dios, la sal de la tierra, que respondieron sin dudar a la llamada de Abraham, de Moisés, de Jesús y de Mahoma, eran sufíes. No eran simples seguidores de una religión, sino que intuían el conocimiento divino. Reconocían a Dios en cada mensajero y se unían a todos. Antes de Mahoma se llamaban Ekuanul Safa, Hermanos de Pureza. Mahoma les cambió el nombre por el de Sabih Safa, Caballeros de Pureza. El mundo los ha llamado místicos zoroástricos, cristianos, judíos o musulmanes: cada religión los ha reclamado para sí. Los cristianos decían que San Pablo era cristiano y los musulmanes que Shams Tabriz era musulmán. En realidad, ni Cristo fue cristiano ni Mahoma fue musulmán; ambos eran sufíes.
Relación con las demás Religiones Reconocemos a Zoroastro en el sufí por su pureza, su amor por la luz y su culto a Dios en la sublimidad de la Naturaleza. Vemos a Moisés en el sufí en su constante comunión con Dios. Vemos a Cristo en él en su caridad y auto-renuncia. El significado auténtico del sacramento puede verse en la vida cotidiana del sufí, que la comparte de buena gana con todos. La vida de un sufí auténtico es una Biblia abierta que todos pueden leer. Vemos a Mahoma en la humanidad del sufí, en su fortaleza frente a la lucha de la vida y en la ecuanimidad con la que cumple sus responsabilidades.
El Movimiento Sufí
El Camino de la Iniciación En lenguaje persa, se le denomina la obra de Baz, el viajero de los cielos. En el camino místico son necesarios el coraje, la firmeza y la paciencia, pero más aún la confianza en el maestro que nos da la iniciación y la comprensión de la idea de disciplina. En Oriente, donde el camino del discipulado se conoce desde hace miles de años, estas cosas se consideran muy importantes y aceptables de la mano de la maestra; en esa medida comprenden la disciplina y confían en el maestro. ¡Cuán pocos en el mundo conocen la confianza! Lo necesario no es confiar en otro, ni siquiera en la maestra, sino en uno mismo o una misma. Pero quien no ha experimentado en su vida la confianza hacia el otro, no puede experimentar plenamente la auto-confianza. A la pregunta: Si confiamos , y nuestra confianza fue en vano, ¿no deberíamos sentirnos defraudados?, la respuesta es: Debemos confiar por confiar, no por su devolución o por su fruto. La confianza extrema es el mayor poder del mundo. La falta de confianza es debilidad. Aunque pierdas por confiar, tu poder es mayor que tu eventual ganancia sin confianza. La paciencia también es necesaria en el camino. Les sorprenderá saber que sólo después de seis meses de haber sido yo iniciado en la Orden de los Sufíes y de estar continuamente en su presencia, recién entonces el Murshid me dijo una palabra sobre sufismo. Les divertirá aún más saber que apenas tomé mi cuaderno de apuntes, cambió de tema: había terminado. ¡Una frase después de seis meses! Alguien podría pensar: ¡Cuánto tiempo, seis meses sentado frente al maestro, y ninguna enseñanza! Pero, amigos, no son palabras, es otra cosa. Para palabras, están las librerías llenas de libros ocultos y místicos. Es la vida en sí, el vivir. Quien vive una vida de iniciación vive y hace vivir a quienes entran en contacto con él o con ella. Recordad, por lo tanto, que en la Orden Sufí no sois iniciados especialmente para estudiar, sino para comprender y seguir un discipulado auténtico. En cuanto al tema de la disciplina, quien no tenga un sentido de disciplina carece del poder del auto-control. La disciplina enseña el ideal, y el ideal es auto-disciplina. Sólo un soldado puede convertirse en un buen capitán. En la antigüedad, los reyes solían enviar a los príncipes como soldados para aprender el significado de la disciplina. Ahora está la pregunta: ¿Qué debe pensarse del camino de la iniciación? ¿Cuál debe ser nuestra meta, qué debemos esperar de él? ¿Bondad, salud, magnetismo, poder, desarrollo físico, clarividencia? No necesitáis ser nada de ello, aunque lo desarrollaréis naturalmente. No persigáis estas cosas. Suponed que desarrolláis poder y no sabéis usarlo: el resultado será desastroso. Suponed que desarrolláis magnetismo, y con ello atraéis todo, lo bueno y lo malo; os será difícil desembarazaros de lo que habéis atraído por vuestro poder. O si sois muy buenos, demasiado buenos para vivir en el mundo, tan buenos que todos son malos con vosotros: os convertiréis en una carga para vosotros mismos. No se deben buscar estas cosas en la iniciación. La meta es encontrar a Dios adentro vuestro; sumergiros profundamente en vosotros mismos, para poder tocar la unidad del Ser Todo. Hacia allí trabajáis por el poder de la iniciación, para obtener desde adentro toda la inspiración y todas las bendiciones de vuestras vidas. Para ello son necesarias dos cosas: practicar regularmente, con alma y corazón, los ejercicios que se os dan y no considerar los estudios sólo como una simple lectura, sino ponderar cada palabra. Los Gathas deben ser contemplados. No toméis por simple ni aún la palabra o frase más simple. Considerad a los hindúes, a los chinos y a los parsis, que durante miles de años y cientos de generaciones, contemplaron sus escrituras sagradas sin cansarse jamás de ellas.
El Modo Divino El alma sintonizada con Dios se vuelve tan bella como Dios y comienza a expresar a Dios en todo lo que hace, manifestando la vida de modo divino. ¿Por qué es un modo regio? El término regio alude a quien posee poder y riqueza en abundancia. El alma sintonizada con Dios, para quien todas las cosas pierden importancia, aun las que los demás consideran muy importantes, comienza a expresar el modo divino bajo la forma del contentamiento. A la persona común le puede parecer que a esta alma nada le importa. Ninguna ganancia le entusiasma, ninguna pérdida le alarma. Si alguien la alaba, no le hace efecto; si alguien la censura, no le da importancia. Considera como un juego tanto los honores como los insultos. Al final del juego, ni la ganancia era ganancia ni la pérdida pérdida; todo era un pasatiempo.
Uno podría pensar: ¿Qué hace esta persona por los demás, de qué le sirve a los que la rodean? Esta persona es terapéutica para quienes la rodean: su influencia eleva las almas que sufren de la estrechez y de la limitación de la naturaleza humana. La naturaleza humana no es sólo estrecha y limitada, sino también tonta y tiránica, porque la naturaleza de la vida es intoxicante. La intoxicación emborracha a la gente. ¿Qué desea el borracho? Desea su trago, y nada más. En esta vida hay muchos licores que la humanidad bebe: riqueza, pasión, ira y posesión. El ser humano no se contenta con poseer propiedades terrenales, sino que también desea poseer a quienes pretende amar. De este modo demuestra ser tiránico y tonto. Las cosas que el ser humano cree poseer en esta tierra ya sea riqueza, propiedad, amigos o posición social en realidad lo poseen a él. El alma con modo divino está sobria comparada con el borracho de mundo. Esta sobriedad produce en ella la pureza llamada sufismo: al ser pura como el espejo permite que Dios se refleje en ella.
Nada asusta al alma que refleja a Dios, pues está por encima de todo miedo. Todo miedo tiene que ver con posesiones humanas: y ella no posee nada. ¿Significa que abandona el mundo, pasando su vida en las cuevas de las montañas? De ninguna manera. Aunque tenga la riqueza del mundo o el reino del universo entero a sus pies, nada la liga, nada la ata y nada la asusta. Pues sólo su propio ser le pertenece. Cuando un alma se pertenece, todo le pertenece, y esto que le pertenece no puede serle quitado. Sólo ella misma podría quitárselo. Es su propia amiga y su propia enemiga. Por lo tanto ya no hay dolor ni sufrimiento, lamento ni rencor. Está en paz, pues está en casa, tanto en cielo como en la tierra. La diferencia entre Dios y el ser humano es que Dios es omnisciente, mientras que el ser humano sólo conoce sus propios asuntos. Por ser omnisciente, Dios ama a todo y Se interesa por todo; lo mismo ocurre con el alma divina. La personalidad divina que se expresa a través del alma devota se interesa por todo, conocido o desconocido. No se interesa por alguien sólo porque sea amable o simpático. No se interesa por el bienestar y la prosperidad de los demás porque sea su deber, sino porque se ve a sí misma en los demás La vida y el interés de los demás son para ella como los suyos propios. La persona divina se entristece con el dolor del otro y se alegra con su felicidad. El alma divina, que casi se ha olvidado de sí misma, termina por olvidarse del todo en su interés por los demás.
Desde cierto punto de vista, es natural que el alma divina se interese por los demás. Sólo quien se ha vaciado del ego puede conocer la condición de otro A veces sabe más que el propio involucrado, como un médico que conoce el caso de su paciente. El modo divino, por lo tanto, no es como el de los padres respecto a sus hijos, o el del amigo hacia el amigo amado, o el del rey respecto al siervo, o el del siervo respecto a su amo. El modo divino incluye todos los modos: expresa todas las formas del amor. ¡Si tiene alguna peculiaridad, esta peculiaridad es divina! En toda otra forma de amor o afecto, el ego está oculto en algún lado, exigiendo aprecio, reciprocidad y reconocimiento. El modo divino está por encima de todo esto. Da todo y no pide nada a cambio de ninguna forma o manera expresando así la acción de Dios a través del ser humano.
Nuestra Tarea Sagrada: El Mensaje Hay que crear un espíritu de reciprocidad entre la gente de diferentes razas, naciones, clases y comunidades. La felicidad, la prosperidad y el bienestar de cada uno depende de la felicidad, la prosperidad y el bienestar de todos. Además de esto, el tema central del Mensaje Sufí es algo muy simple, y sin embargo extremadamente difícil: hacer surgir en el mundo la realización de la divinidad del alma humana, pasada por alto hasta ahora porque el tiempo aún no había llegado. El logro principal que el mensaje ha de cumplir en esta era es promover la toma de conciencia de la chispa divina en cada alma, de modo que toda alma, de acuerdo a su nivel de progreso, pueda realizar para sí la chispa divina interior. Ésta es nuestra tarea.
Ahora vosotros me preguntaréis: ¿Cuál es el mensaje? El mensaje es éste: que toda la humanidad es un solo cuerpo, cuyos órganos son todas las naciones, las comunidades y las razas. La felicidad y bienestar de cada una de ellas es la felicidad y bienestar del cuerpo entero. Si un órgano del cuerpo sufre, todo el cuerpo está bajo tensión. Con este mensaje la humanidad puede empezar a pensar que su bienestar y su prosperidad no radican en ocuparse cada cual de sí, sino en ocuparse de los demás. Mejores tiempos vendrán cuando haya reciprocidad, amor y bondad mutuos. Ahora la pregunta es: ¿Cómo nos ponemos a trabajar?esto es difícil de contestar, pues todos tenemos nuestra propia manera de trabajar en el mundo, y no pueden adoptar todos la forma de trabajo de uno. No hay que olvidar que se requiere un gran sacrificio de parte del trabajador. Sin sacrificio, el trabajador no podrá cumplir su misión. Deberéis afrontar la oposición de vuestros amigos y conocidos; podrá suceder que haya que hacer sacrificios monetarios. Además de la acción, habrá que sacrificar una gran cantidad de tiempo. Deberéis sacrificar el deseo de aprecio. La única recompensa será la satisfacción del deber cumplido. La amargura de algunos y la ignorancia de otros, sean simpatizantes u opositores, también os estorbará. Si sois sensibles, quizás emprenderéis el trabajo un día y lo abandonaréis al día siguiente. Se requerirá una gran dosis de coraje para seguir a pesar de todo tipo de oposición.
Para todo ello se requiere una gran dosis de prudencia: sin ella, el trabajo no sólo no tendrá éxito, sino que podría sufrir. No sólo prudencia respecto a extraños y oponentes, sino incluso prudencia con respecto a vuestros seres más cercanos y a vuestros mejores amigos. Lo que más se requiere del trabajador por la causa es prudencia. Vuestro trabajo deberá ser callado y modesto; esta tarea no puede ser anunciada con redoble de tambores -para eso hay otros movimientos. Cuanto menos se nos conozca, mejor; nos conviene no ser conocidos. No es nuestra meta en la vida ser conocidos: cuanto más conocidos, más enemigos. Nuestra recompensa no es la publicidad, sino que la Providencia nos permita trabajar calladamente. No nos importaría que nadie en el mundo conociera nuestra trabajo. Su trabajo y Su nombre son los que deben ser glorificados, y en la gloria de Su nombre está nuestra satisfacción. Para beneficio de la humanidad y para el bienestar del mundo. ¿Qué importa si trabajamos y otros se vuelven famosos, o si sembramos y otros cosechan? Nuestro trabajo y nuestra misión es sembrar y dejar que otros cosechen.
Necesitaréis por lo tanto paciencia para quienes os persigan a vosotros y al mensaje y que digan cosas en vuestra contra. Necesitaréis una gran fuerza de voluntad para tolerar en lugar de defender. No estamos aquí para pelear, discutir o defender. Estamos aquí para trabajar calladamente. Si alguien os dice: Tenéis razón, diréis: Sí, gracias. Si alguien os dice: Estáis equivocados, diréis: Sí, gracias. Si alguien os dice: Hacéis bien, diréis: Sí, gracias. Si alguien os dice: Hacéis mal, diréis: Sí, gracias. Eso es todo: nada de defender. ¿Para qué sirve? ¿De cuánta gente podréis defenderos? ¿Contra cuántos reproches podréis argumentar? ¿Contra una persona, contra veinte? Si respondéis a quienes os censuran, ¿quién hará vuestro trabajo? Debe ser hecho calladamente, nadie debe enterarse, y la satisfacción debe provenir solamente del cumplimiento de nuestra sagrada tarea. Les dije esto para que las cosas os sean claras y fáciles. Si fuera un emprendimiento humano podría haber dudas acerca de si llevarlo a cabo o no. Pero debe ser cumplido y será cumplido. Quienes tenemos el privilegio de servir a la causa, ¿por qué no hacernos las cosas fáciles y mejores, en lugar de transitar un camino de dificultades? La grandeza está en la humildad, la sabiduría en la modestia, el éxito en el sacrificio y la verdad en el silencio. Por lo tanto la mejor manera de hacer el trabajo es hacer todo lo que podamos a fondo, de corazón y calladamente.
Iniciación Sufí ¿Es deseable la iniciación para todas las almas? Como la palabra iniciación significa progresar, la respuesta es que el progreso es vida y la quietud, muerte. Sea cual fuere nuestro grado de evolución, es siempre aconsejable tratar de progresar, ya sea en los negocios o en las profesiones, en la sociedad o en la vida política, en la religión o en el avance espiritual. No hay duda de que ser demasiado entusiasta es peligroso. Una naturaleza demasiado entusiasta puede dañarse en lugar de beneficiarse en su trabajo mundano o espiritual. Para todo hay un tiempo, y se requiere paciencia en cada contienda. Un cocinero puede quemar su comida si por cocinarla más rápido le da demasiado fuego. Esta regla se aplica a todas las cosas. Los padres muchas veces se muestran ansiosos y entusiastas respecto a sus hijos. Piensan que sus hijos pueden aprender y comprender todas las cosas buenas e interesantes de la tierra. Demasiado entusiasmo no es correcto. Debemos darle a todas las cosas su tiempo. La primera y más importante lección en la vida es la paciencia: debemos empezar todo con paciencia. La Orden Sufí es principalmente una escuela esotérica. Las tres escuelas esotéricas más conocidas en Oriente son: la Escuela Budista, la Escuela Vedanta y la Escuela Sufí. Dos de ellas, la Budista y la Vedanta, utilizan el ascetismo como medio principal de avance espiritual. La peculiaridad de la Escuela Sufí es que utiliza la humanidad como camino principal de avance espiritual. La realización de la verdad en la escuela Sufí no difiere de la de la Vedanta o aun de la Budista, pero la Sufí presenta la verdad de otra manera. Es el mismo marco en el que Jesucristo dio su enseñanza, y la misma forma que adoptaron los profetas de Israel.
En las tres escuelas se utilizan la contemplación y la meditación como vías de desarrollo espiritual. La ciencia de la respiración es el fundamento de todas. El sufí considera que el ser humano no fue creado para vivir la vida de un ángel ni la de una bestia. Para ello fueron creados los ángeles y las bestias. El sufí considera que la primera cosa necesaria en la vida de un ser humano es probarse a su propia conciencia cuán humano puede ser. Esto no es sólo desarrollo espiritual, es también cultura humana. ¿Cuál es su relación con su vecino o su amigo, con los que dependen de él o de ella, con quienes lo cuidan y con los extranjeros desconocidos? ¿Cómo se relaciona con los más jóvenes, con las más ancianas, con quienes lo aman y con quienes no la aman o la critican? ¿Cómo siente, piensa y actúa en la vida, mientras sigue progresando hacia la meta común de todas las almas? El sufí no necesita el desierto para meditar; puede realizar su trabajo en medio de la vida mundana. No necesita probarse a sí mismo o a sí misma por algún poder extraordinario, haciendo milagros o por alguna proeza o pretensión espiritual excepcional. El sufí se prueba a sí mismo o misma como sufí en su propia conciencia observando su vida en la lucha cotidiana. Algunos se contentan con las creencias que les enseñan en casa o en la iglesia. Descansan tranquilamente en ese lugar de realización en el que se encuentran contentos, hasta que nace en sus corazones el impulso de seguir subiendo. El sufí no impone sobre dichas almas sus creencias o sus pensamientos. En Oriente existe la costumbre de decir que es un gran pecado despertar a quien está profundamente dormido. Este dicho puede entenderse simbólicamente: muchos en este mundo trabajan y actúan y sin embargo están dormidos. De afuera parecen despiertos, pero de adentro están dormidos. El sufí considera un crimen despertarlos. Para algunos, dormir es bueno para la salud. El trabajo del sufí es darle una mano a quienes ya durmieron suficiente y que ahora comienzan a desperezarse y dar vueltas en la cama. Esta ayuda es una auténtica iniciación. Sin duda hay cosas que exceden la comprensión ordinaria: cosas que uno no puede enseñar sólo mediante la palabra o la acción. Es así que existe una enseñanza llamada Tawajjeh que es sin palabras. No es una enseñanza externa, sino una enseñanza silenciosa. Por ejemplo, ¿cómo se puede enseñar el espíritu de sinceridad o el espíritu de gratitud? ¿Cómo puede un ser humano explicar la verdad última, la idea de Dios? Cada vez que se ha intentado, ha fallado: a unos los confundió y a otros les hizo abandonar sus creencias. No es que el que explica no haya entendido, sino que las palabras son inadecuadas para explicar la idea de Dios. En Oriente los grandes sabios permanecen inmóviles con los ojos y los labios cerrados durante años. Los llamamos muni, que significa aquél que toma el voto de silencio. El hombre de hoy en día puede pensar: Qué vida: quedarse en silencio y no hacer nada. Ignora que algunos con su silencio pueden hacer más que otros con diez años de charla. Una persona puede discutir acerca de un problema durante meses sin poder explicarlo: otro con su radiación interior puede resolverlo en un momento.
Por supuesto, nadie puede transmitirle a otro el conocimiento espiritual, porque es algo que cada cual lleva en su corazón. Lo que el maestro o la maestra pueden hacer con la iniciación, es iluminar con su luz la luz oculta en el corazón del discípulo o discípula. Si la luz no está allí, no es culpa del maestro. Existe un verso persa de Hafiz: Por más grande que sea la maestra, será impotente con respecto a un corazón cerrado. La iniciación, por lo tanto, es un paso adelante para ambos, para la discípula y para el maestro. Para la maestra, porque puede confiar en que el discípulo se elevará por encima de su estado actual, y para la discípula porque abre su corazón, si barreras ni nada que ocultar al maestro de la forma que sea: silencio, palabras, o viendo más hechos o acción de parte de su maestra. En la antigüedad, los discípulos de los grandes maestros aprendían de muy otra manera, no por un método académico o de estudio. Con el corazón abierto y la confianza perfecta, observaban cada movimiento del maestro respecto a amigos o detractores; observaban a la maestra en tiempos de dificultades o de dolor para ver cómo soportaba todo. Veían con qué paciencia discutía con quienes no lo entendían y con cuánta sabiduría respondía cada uno en su propio lenguaje. Observaban al espíritu madre, al espíritu padre, al espíritu hermano, al espíritu niño, al espíritu amigo, a la amabilidad en el perdón, a la naturaleza siempre tolerante, al respeto por los ancianos, a la compasión por todos y a la comprensión cabal de la naturaleza humana. Aprendían que ninguna disputa ni libro de metafísica pueden enseñar jamás todos los pensamientos y la filosofía que brotan del corazón humano. Podemos elegir entre estudiar mil años o bien ir a la fuente y ver si podemos tocar la raíz de toda sabiduría y de todo conocimiento. En el emblema de la Orden Sufí hay un corazón en el centro, simbolizando que, para el sufí, la corriente del conocimiento divino y de la inspiración fluye desde el corazón. En el sendero de la iniciación son necesarias dos cosas: contemplar y vivir la vida de un sufí. Ambas dependen una de otra. La contemplación ayuda a vivir la vida sufí, y la vida sufí ayuda a la contemplación. La pregunta, especialmente en Occidente, donde la vida es tan ocupada y con responsabilidades sin fin, es si contemplar (aunque más no fuera diez minutos a la noche) no es demasiado cuando estamos cansados. La respuesta es que, por eso mismo, es aún más necesario contemplar en Occidente que en Oriente, donde todo, hasta el medio ambiente, ayuda a la contemplación. Además, hay que comenzar el camino de alguna forma. Pero, si la contemplación no se desarrolla de modo que todo en la vida se torne contemplación, entonces no sirve. Sería como ir a la Iglesia una vez por semana, olvidando toda religión los demás días. Quien dedique diez o veinte minutos por día a contemplar y luego lo olvide durante el resto del día no obtendrá ningún beneficio. Aunque comemos en ciertos momentos del día, el alimento nutre nuestro cuerpo todo el tiempo, inclusive cuando dormimos. No es la idea sufí retirarse en reclusión o sentarse en silencio todo el día; la idea es que, inspirados por la contemplación, el estudio y la aspiración le permitan progresar en todos los aspectos de la vida. De ese modo probará la contemplación ser una fuerza que le permite enfrentar todas las dificultades que aparezcan. La vida que el sufí debe vivir puede ser explicada en pocas palabras. Hay muchas cosas en la vida de un sufí, pero la más importante es su tendencia a la amistad que se expresa en la tolerancia y en el perdón , en el servicio y en la confianza. De cualquier forma que exprese ese tema central, su deseo constante es probar su amor por la humanidad, siendo amigo de todos.
Ahora que he explicado en pocas palabras el tema de la iniciación, explicaré el Movimiento Sufí. El Movimiento Sufí consta de tres secciones. La sección central es la Escuela Esotérica. En esta acogemos a los buscadores de la verdad que desean seguir el camino con fe y con confianza. Hay dos secciones adyacentes. Una es la hermandad. Su objetivo es unir a la humanidad -actualmente dividida por barreras de casta, de credo, de nación y de raza- en la comprensión de la sabiduría. Al despertar su conciencia, la humanidad podrá comprender que la felicidad de cada uno depende de la felicidad de todos. Todos y todas son admitidos y recibidos con placer en esta sección. Nunca tendremos suficientes trabajadores para estos tiempos de gran necesidad de hermandad humana. El Movimiento Sufí es el núcleo de la hermandad humana; esta sección representa ese núcleo formado, no con la finalidad de que todos sean miembros del movimiento Sufí, sino de que todos sean miembros de la hermandad humana bajo la Paternidad de Dios. La sección restante es la parte devocional de la Orden. Ésta es para quienes quizás tengan una creencia, pero no estén satisfechos con ella, o para quienes no concurren a ninguna iglesia en particular, pero a la vez sienten en algún lado de su naturaleza la necesidad de la religión y de la oración. Algunos no creerán hasta que no estén intelectualmente satisfechos; para ellos esta sección enseña los elementos de todas las religiones, para fomentar la tolerancia y el respeto por todas las religiones y creencias, una religión que quizás ha inspirado a innumerables almas sin ser conocida por los seguidores de otras religiones. Esta unidad de la religión en plegaria y pensamiento es la verdadera hermandad de la religión, su naturaleza. Se enseña en esta sección en una línea religiosa. El camino central es el camino de la iniciación. Las otras dos secciones están abierta para quienes entran en este camino central. |
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Última actualización 24/11/2006
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