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Corazón

de la Edición Caravanserai del Invierno de 1997

por
Murshida Rabia Perez-Chisti
Representante Nacional del MSI EEUU

Todas las Escrituras enfatizan la necesidad de que los creyentes sean un corazón y una mente. Con frecuencia se detienen ahí — o se enfatiza la expresión de una mente y un corazón por medio de un culto o escuela, lo cual conduce sólo al reconocimiento filosófico de dicha unidad. El gran problema, por lo tanto, es cómo manifestar esto en la vida cotidiana y, en especial, en nuestra comunidad.

Existen tipos de mentes y de corazones que reaccionan de distintas maneras. Sus puntos de vista se sitúan en los extremos opuestos del espectro. Es aquí donde las emociones juegan un papel importante.

La primera condición para ser
útil a la humanidad
es mantener tu corazón abierto.

Dice el Santo Murshid que las emociones que vienen del corazón pueden ser comparadas al agua. Agua dulce que suspira por llegar al océano. Un asceta que ha cerrado su corazón con la perfección de Dios y con la realización de la verdad, es como el mar: independiente, indiferente a todo. Su presencia sana a la gente, su contacto les otorga alegría y paz, y sin embargo su personalidad no les interesa, como el agua salada del mar. El río representa la cualidad del amor que busca a su objeto amado. El río nutre a los árboles y a las plantas. Inspira al poeta y al músico. Expresa refinamiento, modestia y belleza, y calma la sed.

Nuestro Santo Murshid nos da otras imágenes de esta agua límpida:

1) Cuando la agitación revuelve las aguas de un pequeño estanque, las preocupaciones y las ansiedades pueden ensombrecer la pura agua diáfana. Los pequeños estanques se embarran con frecuencia, dice.

2) El agua de un estanque grande refleja el cielo, la luna y las estrellas. Los peces nadan en ella. A causa de su vastedad, refleja nuestra propia imagen en el marco perfecto de nuestra pertenencia al esquema de las cosas.

3) El agua surgente sana e inspira en extremo, pues viene de arriba, bajando por la montaña. Al caer desde arriba, parece lavar los disturbios y las ansiedades, provocando sanación.

4) En la fuente ve al ser humano. Cuando un ser se ha construido una personalidad, su sentimiento fluye de su corazón a través de su personalidad como una fuente cuyas gotas son las virtudes que surgen de la esencia de su corazón.

5) El vapor de agua puede ser comparado a la aspiración del corazón.

6) La última imagen que nos propone nuestro Santo Murshid es la de aquel corazón que, expuesto a demasiado sufrimiento durante un largo período, segrega un agua sulfurosa que sana y purifica a otros dolientes. Quienes han tenido experiencias profundas de cualquier tipo: sufrimiento, agonía, amor, odio, soledad, asociación, éxito o fracaso, exhiben una cualidad particular, una cualidad especialmente útil para los demás. Quien realice esto llegará a la conclusión de que sea cual haya sido el destino de su vida, su corazón ha producido a partir de la pena y del dolor, de la alegría o del placer, una sustancia química prevista para un determinado propósito para uso de la humanidad. El ser sólo podrá ofrecerla si mantiene su corazón despierto y abierto. Si se cierra y se congela, ya no hay vida humana. No importa lo que los seres hayan padecido, pues aún al peor veneno se le puede dar algún uso. Nadie, por más malvado que sea, carece de utilidad, mientras no olvidemos que la primera condición para ser útil para la humanidad es mantener nuestros corazones abiertos.

Dice Pir-o-Murshid en su hermoso libro Enseñanzas de Lago O'Hara:

Esto explica porqué uno de los grandes ideales del Sufí es despertar las cualidades del corazón, ampliando su perspectiva. Uno puede entonces ver mucho más allá de las creencias, considerando con tolerancia los trágicos malentendidos que dividen a los seguidores serios de las diversas religiones y tradiciones religiosas. Al ofrecer, como hermanos y hermanas, participar en la carga del peso de los malentendidos de otros, el Sufí evita todo despliegue de teorías especulativas, usando sólo el lenguaje del corazón para transmitir simpatía y dedicación en su apoyo a las diversas interpretaciones del único ideal de adoración.

En árabe, Iman significa “convicción”, una convicción que no viene de afuera y que supera a la fe y a la creencia. La creencia es el comienzo, la fe es el desarrollo y la convicción es la culminación. El logro espiritual no es otra cosa que convicción. Cuando alguien alcanza la etapa en que el conocimiento de la realidad se transforma en convicción, nada en el mundo lo puede cambiar. Y si hay algo que debamos lograr, es esa convicción que jamás encontraremos en el mundo externo: debe surgir de las profundidades de nuestro corazón.

Con frecuencia se subestima al sentimiento con respecto a la razón. Es un error: el verdadero sentimiento es mucho más fuerte y poderoso que el razonamiento. Ir de una razón a otra debilita. Además, el ser de razón no tiene magnetismo: sólo tiene razón. Estos seres pueden argumentar, discutir y hablar demasiado, pero no atraen. El ser de sentimiento posee un fuerte magnetismo, puede atraer sin palabras porque tiene vida en su interior. En este ser encontramos el elemento Divino de la calidad del corazón.

Por lo tanto, la simpatía es la cualidad principal que debemos cultivar para desarrollar la facultad espiritual. ¿Y qué es la simpatía? Simpatía es amabilidad, misericordia, bondad, piedad, compasión, gentileza, humildad, apreciación, gratitud y servicio. Todo esto define al amor, y el amor es Dios.

Y '¿cómo podemos llevar esto a cabo?,' se pregunta Pir-o-Murshid.

Tratando de apreciar lo bueno en los demás, pasando por alto lo que nos molesta de ellos cuando no están de acuerdo con nuestras propias ideas. Tratando de ver su punto de vista, con tolerancia por sus convicciones, aunque sean contrarias a las nuestras. Tratando de evitar juzgar los sentimientos de otros, especialmente los referidos a aquellos que uno amó alguna vez. Tratando de perdonar los errores propios y ajenos: aún en la caída hay un escalón oculto para elevarnos por encima del sentimiento de ser inferiores o superiores a los demás frente a Dios. Tratando de sintonizarnos al ritmo de quienes encontramos, para encontrar la guía oculta que existe en todo lo que nos acontece, cuando uno se ha perdido en el éxtasis de la Divina Presencia.

Resulta que, en nuestra educación en particular, se nos entrena a argumentar con la lógica y la razón, pero no con el sentimiento y el idealismo. Es por ello que la humanidad se está alejando de la Espiritualidad. Estamos al borde de un abismo ético de nihilismo, en el cual sacrificaremos el crecimiento de nuestros países. Debemos reforzarlos con los ejemplos vivientes de nuestros corazones. No pueden ser guiados por la sola razón. Es por eso que el Santo Murshid dice:

Si un/ a artista no es comprendido /a en su propia ciudad, sus facultades y talentos se embotan y al final mueren. Lo mismo sucede con la cualidad del corazón: si no se la reconoce, no tiene oportunidad de desarrollarse; si se la ignora, se embota y al final, muere. Como dice la canción: 'La luz de la vida entera muere cuando acaba el amor.' ¿Qué queda? No hay signos de vida: sólo queda la intelectualidad expresándose por el poder del egoísmo.

Es por ello que es importante apoyar el trabajo de nuestros líderes comunitarios comprando sus libros, tocando su música, reforzando con estos actos de generosidad un sistema de apoyo para el cumplimiento del ideal que debe ser llevado a su clara manifestación. ¿Acaso no actuarían así los miembros amantes de una familia?

Los Sufíes de todos los tiempos y los místicos de la India, de Persia y de Egipto han considerado este tipo de generosidad como parte del despertar de la cualidad del alma, que es lo principal de la vida. Todas las virtudes aparecen naturalmente cuando el corazón se abre.

Para los Sufíes, la cultura espiritual consiste en la sintonización del corazón. Sintonizar significa cambiar la vibración para sentir la alegrÕa y el éxtasis de la vida. Dice Rumi: “Tanto si has amado a un ser humano como si has amado a Dios, si amaste lo suficiente, al final serás traído a la presencia del mismísimo Amor Supremo.”

EL VERDADERO SIGNIFICADO DEL AMOR

La palabra 'amor' puede ser entendida de muchas maneras, pero sólo quien ama puede realmente evaluar correctamente la profundidad de un corazón amante. El corazón sintonizado con las impresiones que despiertan sentimientos amorosos es extremadamente sensible. Quizás habría que decir que el amor es la condición del corazón sensible a las emociones inegoístas.

Existen ciertas prácticas esotéricas que suavizan los sentimientos, trayendo lágrimas a los ojos por la emoción profunda de las impresiones inspiradoras. Sin embargo, existen también el llorar sin motivo o derramar lágrimas por auto-compasión o por orgullo por los propios valores. Esto no tiene nada que ver con sintonizar corazón con las dimensiones más elevadas.

Hidayat Inayat Khan

 

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